Lamentablemente, hay casos en que se cobran cantidades exorbitantes por presenciar una canalización de entidades no humanas – y se puede pagar con tarjeta de crédito – o consultas personales con el contactado que brinda consejos al individuo previo pago de otra cantidad importante de dinero.

Todo esto ha confundido las cosas y ha hecho que más de un crítico ponga a todos en “el mismo saco”.

Independientemente de que se pidan colaboraciones razonables para las actividades, tampoco ello es suficiente para eliminar el fantasma del dinero en torno a un mensaje espiritual. La mayoría de veces la cosa no pasa por cuánto se pide, sino por cómo se comporta el conferencista o escritor. Es decir, si su actitud está más pendiente de reunir dinero que el hecho de compartir un mensaje.

O si se relaciona más con personas o grupos que le garanticen una buena recaudación que por amistad o simpatía de trabajo. Podría convertirse todo esto en un negocio si se pierde el horizonte. Incluso, puede pasar que si el conferencista recibe menos dinero de lo que esperaba estalla en enojo, entre otras actitudes que terminan abriendo comillas a la situación.

Es verdad que más allá el contacto uno tiene familia y responsabilidades, pero se debería cuidar este punto y no obsesionarse con el dinero.

Y esto también pasa, increíblemente, con los investigadores.

Si un periodista escribe sobre fútbol, política o la guerra de Irak, está haciendo su trabajo, está todo bien. Pero si el mismo investigador escribe sobre los OVNIs, y da una conferencia sobre ello, se le acusa de estar “lucrando con mentiras”. No exagero.

Y ello habla de un preconcepto cultural en donde los fenómenos “no humanos” no pueden ir de la mano de la vida material. Ser investigador de ovnis, o escribir sobre parapsicología, o hablar de “ángeles”, no es serio.

Gracias a Dios esto ha cambiado en los últimos años, también debido a que se dispone de mayor información. Pero no deja de ser una advertencia.

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