La perversión del alma es la ignorancia: porque el alma, cuando no conoce nada de los seres, ni de su naturaleza, ni tampoco del Bien, ciega total, sufre el combate que contra ella levantan las pasiones del cuerpo, y, desgraciada, ignorándose a sí misma, sirve de esclava a cosas que le son ajenas y corruptas, y carga el cuerpo como un pesado fardo, no se gobierna sino que es gobernada. Tal es la perversión del alma.

9 Por el contrario, la fuerza del alma es el conocimiento, porque el que conoce es bueno y piadoso y ya divino.

Anuncios