Hoy en día no es difícil escuchar de boca de los Lamas del Tíbet la existencia de este enclave, fundado en el pasado por “los Maestros del Cosmos” en el gran desierto mongol, con el objetivo de contrarrestar la influencia de la oscuridad en el mundo. La misión era sembrar la semilla de la luz para que en un futuro cercano el hombre pudiese encontrar la clave que lo llevaría a restituir el orden perdido entre el Cielo y la Tierra.

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