El niño, inconsciente de lo que tenía en sus manos, lo dejó en el colegio, y allí un avispado profesor intuyó que se trataba de algo más que una simple y caprichosa formación rocosa.

La esfera pasó unos años en el museo de la localidad hasta que, casualidades del destino, cayó en manos del profesor Boris Nikolayevich Naumenko, miembro del Instituto de Física de la Tierra de la Academia Rusa de las Ciencias.

El descubrimiento de Naumenko posibilitó que finalmente se hicieran cargo de la investigación dos auténticas instituciones científicas: el doctor Menkov, del Instituto de Física de Moscú, y su colega Valentín Fomenko, de la Asociación Industrial y Científica “Soyuz”.

Desde un primer momento, tras establecer el programa de analítica a desarrollar, se marcaron como propósito común no deteriorar en medida alguna la piedra, cuyo origen podría ser extraterrestre.

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