Aunque el líder argumente en su discurso que es uno más y que promueve el trabajo en equipo, lo que en realidad genera la dependencia no son sus palabras, sino la forma en que se conduce como cabeza de grupo. Hay buenos y malos liderazgos en todas las organizaciones humanas. Y todo aquel que procure mantener un grupo girando en torno a sí mismo está condenando a los miembros de la organización a que sean sus eternos “discípulos”.

También resulta complicada la interacción humana al interior de un grupo, más aún si es de contacto extraterrestre. Malos entendidos, cuestionamientos, divisiones, posturas, es propio de la experiencia humana en organizaciones, aunque más visible y hasta veces desagradable en grupos contactistas o espiritualistas.

Lo ideal es fomentar la ausencia de estructuras, sean estas visibles o “invisibles”, alentar la comunicación y el real trabajo en equipo de la mano de una visión autocrítica y responsable.

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