He aquí algo diabólico, espantoso, una involución que ya parece imposible de poder detener. Estudiando las abejas, las hormigas, en especial la vida—si así se pudiera llamar— de las termitas, nos espantamos pensando dónde podría llegar el hombre, los animales-hombres, y junto con ellos los Viras prisioneros, los Dioses involucionados. Allí se acabó toda individualidad y hasta la inteligencia y libertad personales. Sólo hay trabajo continuo, reproducción y muerte. Sacrificio obligado y miseria de muchos para la infelicidad de todos. Al final, alimento del Demiurgo.

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