Escucha, oh hombre, este misterio: hace mucho en el pasado antes de que fueras nacido hombre, habité en la Antigua Atlántida. Ahí en el Templo, bebí de la Sabiduría, vertida como una fuente de Luz proveniente del Morador.

Dada la clave para ascender a la Presencia de la Luz en el Gran mundo. Me paré delante del Sagrado entronizado en la Flor de Fuego. Cubierto estaba él por el relampagueo de la oscuridad, también mi Alma por la Gloria ha sido destrozada.

Delante de los pies de su Trono como el diamante, corrían cuatro ríos de flama de su taburete, corrían a través de los canales de nubes hacia el mundo del Hombre. Lleno estaba el salón con Espíritus de los Cielos. Maravilla de maravillas era el palacio plagado de Estrellas.

Encima del cielo, como un arcoíris de Fuego y Luz del Sol, estaban Formados los Espíritus. Cantaban las glorias del Sagrado. Después del medio del Fuego salió una voz: Contempla la Gloria de la primera Causa. Contemplé esa Luz, muy arriba de toda oscuridad, reflejada en mi propio ser. Alcancé, como era, al Dios de todos los Dioses, el Espíritu Sol, el Soberano de las esferas Sol.

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