Aviones no tripulados de EEUU sobrevuelan en estos momentos Pakistán mientras alguien sentado en la base Creech de Nevada, a 12.000 kilómetros de distancia, sopesa si apretar el botón que decidirá la suerte de un sospechoso de terrorismo, de sus vecinos o de la aldea donde vive. Es una guerra de videojuego. Olvidada. Invisible. Sus víctimas no suelen estropearnos la digestión del telediario de las tres.

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